Primero que todo les pido disculpa, se que debi haber publicado el 1 de Noviembre, pero mi hermana se graduo de bachiller y hasta el día de hoy me desocupo.
Sin mas preambulo les dejo el prologo.
Besos.
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Prólogo
- ¡Vamos! ¡Juguemos a algo!
¡Estoy aburrida! – grité.
Estaba en el parque de mi
edificio con unas amigas, esperábamos a algunos amigos más, pero
se suponía que tenían que haber llegado hacia 30 minutos, igualmente eso no era
de vital importancia, cuando tienes 11 años no te preocupas acerca del tiempo
en que las personas deberían haber llegado, es más, ni siquiera les riñes
cuando llegan por haberse retrasado; simplemente los recibes con ánimo y sin
importarte la razón de su retraso te pones a jugar hasta que terminas tan
empapado como un perro bajo la lluvia.
- David y Camilo aun no
llegan, - dijo mi amiga como siempre siendo la voz de la razón. Ana siempre había
sido madura para su edad, aunque yo era un año mayor que ella siempre había sentido que estábamos al mismo
nivel, sin importar lo que decían los demás.
- ¡Pero estoy aburrida!
¡Podemos jugar a algo mientras ellos llegan! – ya estaba desesperada, teníamos
como 40 minutos abajo y hacía frío, además, estaba segura de que David y Camilo
iban a traer a su hermano menor y cuando él se quedaba, casi nunca podíamos
jugar a nada bueno.
- Bueno, ya ahí vienen, -
dijo Ana mirando hacia la acera de en frente.
- ¿Quién es él que viene con
ellos? – pregunté al darme cuenta que no venían acompañados por la minúscula
figura que era su hermano menor, Felipe, sino por otro niño que parecía tener
mi edad o tal vez la de Ana.
- No sé, sabes que solo
conozco a unas cuantas personas por aquí – Ana era nueva en el barrio y sus
padres casi nunca la dejaban salir, por lo que solo me conocía a mi y a una niña que vivía en frente de su casa.
- ¡Hola! – gritó David, o
Camilo, sinceramente aun no los distinguía ni un poquito.
- Hola – respondimos Ana y
yo a la vez.
- Eh, miren, un amigo, -
dijo uno de los hermanos señalando al niño que los acompañaba.
- Eh, Hola… - lo salude,
pero él ni siquiera volteo, de hecho solo miraba hacia arriba, como esperando
tener la suerte de ver un ovni. – Que grosero -
murmuré.
- ¿Cómo se llama? – preguntó
Ana al ver que él no respondía.
- Kyler, y no sé qué mosca
le habrá picado hoy – dijo Camilo.
- De todas formas ¿Nos vas a
dejar entrar o vamos a hablar por la reja toda la noche? – dijo David.
- Ustedes sí, el grosero no
– respondí siendo más acida de lo que generalmente era.
- Ok, no pensaba quedarme de
todas formas, esto es algo inmaduro – dijo Kyler hablando por primera vez.
- Como sea… - le dije y le
pedí a mi portero que abriera la puerta.
- Chao Kyler – Gritaron los
hermanos mientras el niño se alejaba corriendo de una manera muy extraña.
Esa noche jugamos más de lo
normal, a las 9 como era costumbre la mama de David y Camilo pasó por ellos, y
yo subí con Ana, todavía pensando en lo rudo que había sido Kyler y en lo mucho
que esperaba no tener que cruzármelo de nuevo.
Lo que no sabía era que los
acontecimientos iban a tomar un rumbo extravagante y que Kyler no solo pasaría
a formar parte de mi vida, sino a ser una parte importante de ella, tal vez
demasiado importante.
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